Opiniones Febrero, 2010

Febrero
22nd 2010
Move to change

Categoría: Vehículo privado

Hace más de cien años comenzó la historia del automovilismo. Sin duda el automóvil ha sido un elemento que ha marcado el siglo XX, y que ha permitido al hombre acortar distancias. Toda una revolución que ha sido una base del progreso de la humanidad.

Por otro lado, el siglo XXI está siendo testigo de la culminación del proceso de urbanización del ser humano. Cada vez una proporción mayor de personas vive en ciudades. Las urbes son totalmente heterogéneas a lo largo del mundo, pero coinciden en permitir el agrupar la producción de bienes y servicios y en favorecer los intercambios.

La extensión del automóvil privado ha hecho que se modificara la morfología de las ciudades. Durante décadas, se ha tratado de dar prioridad a la circulación rodada mediante la construcción de grandes infraestructuras.  Incluso encontramos modelos de ciudad claramente volcados hacia la dependencia del automóvil, con extensiones de viviendas unifamiliares; esto genera la necesidad de gigantescas vías de comunicación, aislando barrios.

El automóvil privado ha acaparado la noción del automovilismo y de la motorización de la sociedad. En realidad, hay que señalar que ha sido un gran progreso la aplicación al transporte de mercancías y de viajeros, que, complementados con el ferrocarril, han reducido drásticamente las distancias dentro de los continentes.

La posesión de un coche se ha convertido en un logro personal, y la conducción, en una actividad cotidiana consustancial a cualquier ciudadano. De las informaciones que ofrecen los grandes medios de comunicación parece desprenderse que no hay otra forma de desplazarse que no sea conduciendo un automóvil.

La presencia del automóvil es constante en nuestras vidas, con publicidad en cualquier soporte, información sobre el tráfico y por supuesto, el ruido que genera la circulación urbana.

La motorización desenfrenada ha producido una serie de externalidades. La contaminación atmosférica supone enfermedades respiratorias y la degradación del patrimonio histórico. El ruido generado por la circulación de cientos de vehículos forma parte indisoluble de las ciudades y afecta a la calidad de vida. Los accidentes de circulación son una de las principales causas de mortalidad en las sociedades desarrolladas. La ocupación del suelo por parte del automóvil supone pérdidas de grandes cantidades de tiempo y la necesidad de importantes inversiones.

Así pues, no podemos concluir que la extensión del vehículo privado haya sido por completo beneficiosa. En los últimos años se ha procedido a invertir el proceso, haciendo que las ciudades sean más permeables a modos de desplazamiento más eficientes y eficaces. Al fin y al cabo, un medio de comunicación rápido e idóneo para largas distancias debería ser, desde un punto de vista conceptual, incompatible con un modelo de hábitat humano en que predominan las concentraciones urbanas, donde las distancias disminuyen o desaparecen.

La industria del automóvil, inmersa en un proceso de reajuste en medio de una importante crisis, trata de dar una imagen sostenible a sus vehículos. El bombardeo es constante, pero no debería hacernos olvidar que en términos de ocupación del espacio público y consumo de recursos, el automóvil privado es totalmente ineficiente.

Las actuaciones que limitan el uso del coche en las ciudades están siendo contestadas por personas y grupos que defienden la libertad del individuo. La libertad es, en efecto, un principio fundamental que debe regir el funcionamiento de la sociedad. Pero ¿acaso los vecinos pueden elegir el ruido de la calle donde residen? El daño que comporta el abuso del coche es tangible, y más si echamos la vista atrás, donde incluso las ciudades maltrataban su patrimonio para dar más espacio al automóvil.

Igual que hace décadas se introdujeron límites a la industrialización para evitar la explotación laboral y más adelante, la destrucción del medio, es legítimo y oportuno introducir límites coherentes al uso descontrolado del automóvil, tratando de favorecer alternativas más eficientes para el ciudadano y el conjunto de la sociedad.

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Febrero
11th 2010
La parte del León

Categoría: Tranvía

El Gobierno Central abonará el 80% del coste del tranvía de León. Sintámonos agraviados, rasguémonos las vestiduras hasta quedarnos como el peregrino de la Catedral. León con tranvía y Burgos sin fecha para el proyecto.

La actuación llevada a cabo en León no es tan sencilla como nos expone el Diario. Afortunadamente, no se comparan los casos de los eventuales tranvías de una y otra capital, sino que el proyecto burgalés huérfano de apoyo estatal es el Auditorio.

Aún así, y leyendo sólo la crónica del rotativo decano, muchos pueden preguntarse por qué el tranvía leonés cuenta con el apoyo gubernamental y el de Burgos no. Al fin y al cabo, mientras que el Consistorio ha dejado apartado temporalmente el proyecto del tranvía, Diario de Burgos sigue sacando el tema en sus páginas de forma regular.

El Ayuntamiento de León es, de la Comunidad Autónoma, el que más se está acercando a la meta de contar con un tranvía. Allá ellos. De hecho, a finales del año pasado tuvieron que declarar desierto el concurso para la adjudicación de la línea. La única empresa que se presentó proponía un canon anual que superaba la cuantía máxima que estaba dispuesto a abonar el Consistorio. Deberíamos tomarlo como un aviso para navegantes.

Mientras el tranvía municipal descarrila, existe la necesidad de integrar las vías de FEVE en el espacio urbano leonés. La capital cuenta con una estación término en el centro de la ciudad y se pretende suprimir ese tramo ferroviario.

El acuerdo a tres bandas entre Ayuntamiento, Ministerio de Fomento y FEVE implica la financiación de la fracasada línea de tranvía, y además, la creación de una nueva a partir de la adaptación del actual tramo de FEVE. Es decir, la actual terminal ferroviaria abandonaría el centro de la ciudad, y el tranvía uniría ésta con su sustituta. Además, se proponen ramales a los hospitales y a la Universidad.

Con este acuerdo, se solventan dos necesidades a la vez. A cambio, eso sí, la gestión del tranvía quedará en manos del Ayuntamiento y de FEVE (en lugar de sólo la primera, como ocurría con la primera línea). Además, la adaptación a línea de tranvía implica que el actual trazado ferroviario no se soterra. Son los dos sacrificios que asume el Consistorio, que deben ser mencionados.

Por tanto, no se trata sólo de la implantación del tranvía, sino de la integración de un tramo de ferrocarril. Un punto destacable es que en León no surgirá un bulevar, sino que se limitará a una plataforma tranviaria con zonas verdes y de tránsito peatonal. La Estación de FEVE saldrá del Centro de León. De hecho, es lógico que la empresa pública ferroviaria quiera participar en la gestión del tranvía: será el medio que comunique la ciudad con la nueva estación término.

Ahora bien, toda esta explicación es para desmontar cualquier agravio tranviario entre las dos capitales. De hecho, convendría conocer la viabilidad del tranvía leonés. Será un nuevo ejemplo del diferente trato que se da a los medios de transporte. Los que van sobre ruedas reciben cuantiosos desembolsos de dinero público, mientras que las Administraciones apenas se dedican a controlar la prestación del transporte público por carretera.

Volviendo a nuestra ciudad, la insistencia de algunos medios por el tranvía empieza a resultar molesta. El hecho de que el Equipo de Gobierno dude sobre su implantación es una rara muestra de buena gestión, aunque nos tememos que sea algo temporal. Es más, el señor Aparicio, y por ende, toda la cohorte de señores que quieren el tranvía para ser modennos, deberían tener presente el entrecomillado del último párrafo. Sólo basta cambiar leoneses por burgaleses.

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