Opiniones Julio, 2010

Julio
28th 2010
Movilidad sostenible. Marketing insostenible.

Categoría: Política de Movilidad / Vehículo privado

A finales de mayo se celebró en IFEMA el Salón Internacional del Automóvil Ecológico y de la Movilidad Sostenible. Toda una contradicción en sus términos. De hecho, es un Salón del Automóvil, sólo que barnizado con la sostenibilidad, lo que de paso, implica contar con la colaboración del IDAE.

De un tiempo a esta parte, en especial desde que irrumpió la teoría del cambio climático, ha surgido la preocupación por reducir las emisiones de dióxido de carbono. Buena parte de la industria automovilística ha pasado a centrarse en el ecologismo de sus vehículos, salvo los fabricantes de mastodontes, lógicamente. Contaminamos un poco menos que antes, así que somos ecológicos. Eso está bien; así el que compra un coche nuevo puede usarlo con la confianza de que no está afectando al medio ambiente.

Es bien sabido que el automóvil privado genera una serie de externalidades negativas, aunque los fabricantes lo oculten. La contaminación atmosférica y acústica son algunas, pero no las únicas.

Imaginemos por un momento que todo el parque de automóviles de España se cambia por coches eléctricos. Se reducirán las enfermedades respiratorias derivadas de la contaminación, así como la degradación del patrimonio artístico; habrá menos ruido y por tanto, mejorará la calidad de vida. Hasta ahí. La siniestralidad, los atascos y los problemas de aparcamiento serán exactamente los mismos que con coches convencionales.

¿Podemos hablar de movilidad sostenible cuando lo que nos venden son los mismos problemas que ahora solo que sin contaminación ambiental ni acústica? ¿Cómo apoya el Gobierno esta perversión del lenguaje a través del IDAE? Seguramente, porque el mismo Ejecutivo es quien promueve el desarrollo del coche eléctrico. El mismo que ha ayudado al sector del automóvil, con el pretexto de rejuvenecer el parque. Podría ayudar a la autóctona y brillante industria carrocera, pero no está por la labor.

La movilidad sostenible persigue una ciudad más habitable, evitando la contaminación, sí, pero también el derroche de espacio público desaprovechado para el automóvil privado, la siniestralidad, el consumo de recursos, el tiempo perdido en atascos, el estrés que genera, y tantos inconvenientes que ha supuesto para la ciudad la extensión del coche. El automóvil de propulsión híbrida o eléctrica no aporta nada nuevo, salvo en la contaminación

Transformar un salón del automóvil en una feria de la movilidad sostenible es un buen ejemplo de pura propaganda, de presentar unas características irreales. Los automóviles eléctricos, con todas sus desventajas, solventarían unos problemas concretos, aunque relevantes, pero no solucionan otras cuestiones igualmente importantes. Asociarlos a la movilidad sostenible es publicidad, sin más, que por desgracia, cuenta con apoyo público.

 

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Julio
10th 2010
Por favor, no disparen al pianista (ni al conductor)

Categoría: Fechas / Gestión del transporte urbano

Hoy es un buen día para acordarnos de esas personas que día a día contribuyen a hacer de Burgos una ciudad más habitable, quienes acortan las distancias entre barrios y poblaciones

Este año, en vez de vídeo, exponemos una reflexión. Resulta menos atrayente, pero es más personal. Deberíamos preguntarnos cómo puede ser una jornada laboral en un autobús. Asumimos el error garrafal de escribir sin haber preguntado primero a un conductor, así que hablamos desde el punto de vista del que pulsa el botón para solicitar la parada, y no del que lo pulsa para abrir la puerta.

No conocemos las condiciones laborales (retribuciones, jornada y días de trabajo), y no podemos saber por tanto si podría llegar a considerarse privilegiados a los conductores de autobuses municipales; claro está que otorgar ese calificativo puede depender de lo que cada uno querría en su puesto de trabajo.

En el trabajo hay cuestiones que están al margen de las condiciones mencionadas. Por poner un ejemplo, uno puede trabajar en una oficina, y cobrar diez veces más que sus compañeros de gremio. Pero si resulta que tiene que trabajar en una silla de madera, el ambiente es malo o su superior un déspota incompetente, es muy probable que su satisfacción no corresponda con lo que se esperaría de su alto salario. Y seguramente su rendimiento se vea afectado por la situación de su puesto de trabajo.

Así pues, vemos que hay algo más que el salario, los días libres y las horas de trabajo. No hemos descubierto nada especial. Con esta idea vamos a reflexionar sobre esas personas que hacen que los autobuses se muevan.

El conductor-perceptor de autobuses urbanos hace un poco de todo. Conduce, percibe las tarifas establecidas, informa, y es quien responde ante cualquier incidencia en el vehículo. Todo ello manejando una máquina de hasta dieciocho metros de longitud en un tráfico a veces estresante cuando no abiertamente hostil, y tratando de ofrecer un buen servicio aun cuando algunos incívicos se lo impiden.

Algo reseñable es que el conductor es la cara del Servicio. Un ejemplo muy de temporada es que si por culpa del mantenimiento el aire acondicionado del autobús no funciona, el conductor será quien haga frente a las quejas. ¿Cuántos indignados viajeros pedirán explicaciones a las empresas que se encargan del mantenimiento o expondrán su malestar al Concejal?

Alguna vez hemos comentado que el transporte público burgalés se desliza paulatinamente hacia la privatización. Para alguien que trabaja en el Servicio, esto no puede sino provocar incertidumbre. Añadamos el deficiente mantenimiento, que genera problemas en la conducción, incomodidades para los usuarios, riesgo de averías (y accidentes) y todo un cúmulo de inconvenientes. Sumemos el hecho de que determinadas líneas están mal planificadas, con unos tiempos incoherentes con su recorrido.

El puesto de conducción es fundamental. Sin embargo, y a modo de ejemplo, algunos autobuses no cuentan con un asiento de conductor con reposacabezas, un elemento de seguridad básico. No es un problema de edad de los vehículos, sino de que se sustituyeron los asientos originales por otros claramente peores. Con todo esto, ya solo falta que, en ocasiones, el viajero se excede en sus exigencias y no considera las implicaciones que tiene abrir el vehículo fuera de la parada o esperar a que llegue una persona que está lejos.

Finalmente, contemos con que hay ciudadanos que no tienen reparo en expresar, amparados eso sí, por el anonimato, que los conductores merecen los actos vandálicos de los que a veces son víctima los vehículos.

Así pues, nos podemos preguntar: ¿Merece la ciudad de Burgos que los conductores del transporte urbano hagan huelga y nos quedemos por un día sin ese servicio? Sería algo poco novedoso después de aquel 8 de junio, en el que no sabemos qué pesó más: las ganas de reivindicar de los conductores, el exceso de celo de los piquetes o la inacción del Consistorio. El remedio fue peor que la enfermedad, y sí, el transporte público sí es un servicio esencial.

La pregunta del párrafo anterior es contundente, y responderla, en un sentido o en otro, sería temerario. Pero sin embargo, un cúmulo de circunstancias nos llevan a reflexionar que dirigentes municipales y ciudadanos de a pie infravaloramos a unos profesionales, y dificultamos el desarrollo de su tarea.

No pedimos que se les considere los chamanes de la tribu o unos héroes, como los bomberos. Creemos que hoy es un buen día para pedir, primero a los dirigentes, que no perjudiquen más al servicio, y a los usuarios y ciudadanos, que respeten más a quienes llevan al trabajo, a clase y a divertirse a miles de personas.

Podemos empezar por saludar a los conductores con una sonrisa y felicitarles por el día de su patrón; a todos nos agrada la amabilidad y la buena educación. Feliz día de San Cristóbal a todos.

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