Un iceberg del que solo una pequeña parte permanece en la superficie, a la vista. Una corriente oceánica invisible al ojo humano, pero que se hace notar con tormentas o templando el clima. Se puede elegir alguna de estas o cualquier otra metáfora, nos pueden valer para lo que queremos decir: hay algo que no va bien en el Servicio de Autobuses, y en verano una pequeña tormenta nos dio una pista sobre esto.
El grupo municipal socialista informó a principios de agosto que se había acordado rescindir el contrato de gestión de la publicidad exterior en los autobuses urbanos. La concesionaria, Noticias de Burgos, según los socialistas, no había abonado el canon al Ayuntamiento durante un periodo de un año y un mes, llegándose a adeudar (según lo publicado en la prensa local) la nada desdeñable cantidad de 271.000 euros.
La respuesta no se hizo esperar, y Noticias de Burgos emitió un comunicado en el que negaba la mayor, la menor y hasta la mediana. No es que el Servicio rescindiera el contrato, es que había finalizado. Del canon impagado no dicen nada, así que se podría deducir que la cantidad que citó el Ayuntamiento es correcta. Lo que sí denuncian es que el funcionamiento del Servicio ha roto el equilibrio económico previsto en el contrato, de lo que se puede deducir que esta es la causa del impago del canon.

Doscientos setenta mil euros es una cantidad pequeña en comparación con los seis millones que se suelen recaudar de los viajeros, pero es una cantidad respetable, que da para adquirir con holgura un autobús. Lógicamente, si vamos a tener publicidad, es exigible que el Servicio obtenga un beneficio.
La publicidad puede ser un buen ejemplo de lo que ocurre en el transporte público de la ciudad. El edificio de la movilidad cuenta con una vistosa fachada (Oficina de Movilidad, premios, etc.), pero la planta noble, la del transporte público, amenaza ruina. La ruina es perfectamente visible en la mayor parte de los vehículos de propiedad municipal. Aunque se dejó atrás la horrenda publicidad integral, es habitual en los autobuses más añejos que los anuncios ocupen todo el lateral por debajo de las ventanas, limitando en muchos casos una imagen homogénea.
A esto se añaden verdaderas chapuzas. Publicidades deterioradas, ilegibles, que incluso hasta perjudican la imagen del anunciante. Las más altas cotas de dejadez y negligencia se alcanzan cuando los autobuses acumulan sucesivas publicidades. El deterioro provoca que se vea la actual y también parte de otra anterior (a veces en plural), en un absurdo palimpsesto que molesta a la vista y es incompatible con cualquier mínima exigencia de calidad.

Por supuesto, todo eso no afecta a los autobuses alquilados. Las últimas generaciones de gas también han tenido suerte, pero si retrocedemos más allá podemos ver hasta algún autobús con la publicidad quitada en sólo alguna parte de su carrocería.
Queda ver la denuncia de Noticias de Burgos del mal mantenimiento de la flota. Hasta donde nosotros sabemos, está fundamentada. Incluso sospechábamos la existencia de algún vehículo apartado del servicio durante años por avería antes de que se confirmara con el comunicado. Obviamente, la de Burgos no es una flota especialmente grande, y basta ser un poco observador para saber si un autobús lleva tiempo sin hacer servicio.
Es difícil saber qué parte de responsabilidad tiene la antigua concesionaria en la pésima imagen de los autobuses. Pero está claro que el Servicio no ha hecho nada, sino que ha perjudicado a la ejecución del contrato. Ni siquiera se pensó en las consecuencias del renting.
Pensando en el presente y en el futuro, parece que no se haya previsto el fin del contrato de publicidad. Esto ha provocado, sencillamente, que los anunciantes dispongan de publicidad gratis desde agosto, y que no puedan entrar nuevos, salvo el propio Ayuntamiento. En un nuevo gesto de perjuicio hacia los vehículos de propiedad municipal, no hay la menor preocupación por su imagen, y parece que nadie se plantea eliminar la publicidad. Evidentemente, es un gasto, pero es indigno que la publicidad sea gratis y que sea tan perjudicial para los autobuses.
Todo esto indica que hay cuestiones que funcionan mal dentro del Servicio, que existen problemas latentes que quedan ocultos por una supuesta política de movilidad ejemplar, pero que puntualmente surgen, y que tal vez en un futuro más o menos lejano aparezcan con toda crudeza.
Cambiando de asunto, aprovechamos para expresar nuestro rechazo a las agresiones vandálicas que sufren el personal y vehículos del Servicio. Esperamos que desaparezcan lo antes posible, porque el lanzamiento de huevos u otros elementos a un autobús implica unos riesgos para el conductor, pasajeros y usuarios de la vía pública. En cuanto a los comentarios vertidos por algunos ciudadanos, es lamentable generalizar a todo un colectivo como es el de conductores, y es miserable justificar estos actos de vandalismo.
